miércoles, 27 de enero de 2016

AN aprueba interpelar a gobernador Rangel Silva por caso del acueducto metropolitano

Conrado Pérez


El diputado Conrado Pérez Linares, anunció a través de sus redes sociales la interpelación a la que será sometido el mandatario regional. Personalidades del oficialismo aún no se han pronunciado sobre la decisión del ente legislativo.


El gobernador del estado Trujillo, Henry Rangel Silva, deberá responder ante la comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, el destino  final del dinero aprobado para la construcción del acueducto metropolitano de Valera.

La información fue anunciada en las redes sociales del diputado Conrado Pérez Linares, quien a su vez informó que será el encargado de dirigir la subcomisión de contraloría municipal.

Rangel Silva, deberá responder por la partida destinada a la obra prometida por Hugo Chávez y Nicolás Maduro en las campañas presidenciales de 2012 y 2013 respectivamente.

En un videopublicado por Trujillo Digital, en pleno acto de apoyo a Maduro, el exministro de la Defensa anuncia la llegada de 33 millones de bolívares para comenzar con el proyecto, proyecto nunca concretado.



Conozca la odisea que viven los trujillanos para comprar en el Mercal del barrio El Milagro


Foto cortesía Elsiglo.com.ve 

“Dame 300 y te paso” le decía aquella mujer de tez morena a todos los que se encontraban alrededor del Mercal del barrio El Milagro, quienes desde el día anterior  hacían  la cola para poder llevar comida a sus hogares.

En la entrada del local una cartulina resaltaba y en ella, con tinta negra, la siguiente frase  “Desde el 20 de enero no se aceptara lista, será por orden de llegada” pero para Rafael* eso no fue así.

Conozca la odisea que ha vivido Rafael Paredes para poder comprar en el Mercal del barrio El Milagro.

El que madruga, ni Dios lo ayuda

Rafael Paredes, escuqueño de unos 40 años de edad, se encontraba desde las nueve de la noche del domingo a las afueras del Mercal, pues el terminal de su cédula lo autoriza para que compre los días lunes, con 100 personas por delante, no pudo adquirir nada.

Si  no pagas, no pasas

“La Verde” así es conocida aquella mujer que recorre toda la fila ofreciendo su servicio “300 y te paso” con una mano repleta de cédulas y la otra de dinero, dirige quien entra y quién no al Mercal, esto sin autorización oficial, pero apadrinada de los cuerpos oficiales que se encargan de “resguardar” la seguridad y el control en los alrededores del local.


El policía, un cómplice más

“El policía de apellido Rondón dice haber recibido las 300 cédulas (150 entre discapacitados y adultos mayores y 150 para los jóvenes) pero eso no es así, solo recoge como 100 y las otras se las pasa la mujer que le dicen La Verde” relata Rafael con un tono de molestia, agregando que el deber del policía no es el de aceptar cédulas, sino el de velar por  la seguridad de quienes ahí se encuentran.

Foto cortesía de Globovision.com 

“Los rezagados” a la espera

“Los rezagados” así les llaman a las personas que no pudieron comprar, Rafael es uno de ellos, quien luego de reclamos a los entes encargados del Mercal, estos le prometieron que ellos serian los primeros en comprar la próxima semana.

Durante dos lunes Rafael Paredes dejó de trabajar para poder adquirir los alimentos, pues según él su despensa está completamente vacía. Ahora se encuentra a la espera de poder  lograr su cometido, entrar al Mercal del barrio El Milagro, y que pasar la noche sin dormir, bajo el peligro de la ciudad de Valera, por fin haya valido la pena.

*Rafael Paredes (nombre ficticio para proteger la identidad de la fuente)

Valera clásica/ 16 imágenes de la Valera de ayer que te harán desear haberla vivido


Cuando los años pasan, es común que las personas deseen con ansias vivir ese presente y esperar el futuro con esperanzas de cambio. Valera ha crecido vertiginosamente, pero ha dejado en su estela una ciudad del ayer digna de haber estado viva hoy. Las fotografías de antaño muestran a una ciudad en sintonía y armonía con la naturaleza y ponen a pensar  a muchos la cara tendría la urbe de Mercedes Díaz con sus casas coloniales.





Valera en sus inicios: Cortesía Pedro Juárez.




Valera en la celebración de su centenario. Año 1920.
Créditos: Conociendo a Valera.




Plaza Bolívar de Valera y su respectiva iglesia.
Esta imagen fue tomada por la revista "El Cojo Ilustrado" así que la fecha de la misma puede estar entre 1895 y 1915, años en que funcionó tan importante medio.
Esta iglesia es derribada en 1926 para dar paso en 1932 a la monumental estructura gótica que hoy día cobija a la ciudad de Valera.
Esta imagen fue tomada del grupo: Ciudad de Valera.




Plaza Bolívar de Valera. Foto de la Guía General de Venezuela. F. Benet. 1929. Tomo I. Página 370.
Cortesía: Rafael Ángel Terán Barroeta




Casa de Gobierno de Valera.
Foto tomada por Rafael Ángel Terán de la Guía General de Venezuela. F. Benet. 1929. Tomo I. Página 366




Valera, años 30's.
Nótese la avenida 10 y la recién construida iglesia san Juan Bautista que desde ya comenzaba a ostentar el título de templo más alto de los andes venezolanos.
Cortesía: Conociendo Valera.




Entrada de La Puerta, municipio Valera. Año 1947.
Cortesía: Valera Potencia Turística.




Iglesia San Pedro de Valera en tiempos de su construcción.
Créditos: Profesor Pedro Juarez.




Antiguo terminal de Valera años 40´s.
Cortesía: Conociendo a Valera.





Antiguo mercado municipal de Valera.
Cortesía: Conociendo a Valera.





Avenida Bolívar entre calle 7, años 50's.
Destaca la heladería Los Tres Continentes.
Créditos: Profesor Pedro Juárez.





Así lucía Valera en el año 1963. Llena de avisos coloridos.
La imagen fue tomada en la avenida 10 entre calles 9 y 10.
Créditos: Pedro Juárez.




Liceo Rafael Rangel al fondo.
Casas de la urbanización Bella Vista al frente.
Cortesía: Conociendo a Valera.




Avenida Bolívar de Valera con Calle 15 en el año 1950, conocida comúnmente como "Esquina de Cobrapsa".




Antigua redoma de las Acacias. Estaba ubicada frente al BOD de las Acacias.
Cortesía: Pedro Juárez.





Parroquia La Beatriz en sus inicios.
Créditos: Profesor Pedro Juárez.
Foto digitalizada y mejorada por Emigdio Garcés, investigador del Centro de Historia.

lunes, 25 de enero de 2016

Conozca la historia del hombre que vive entre los muertos

Foto: Robert Castellanos
Su cama es una lápida, su sala un sarcófago y entre cruces de cemento y nombres tallados en mármol camina José Ernesto Campos (Nombre ficticio); desde hace siete años. Acompañado de un bastón de unos 132 cm de largo y un envase de agua mineral, a veces vacío y otras veces con licor, vive este hombre de 61 años de edad en el Cementerio de la Parroquia Pampán, ubicado en el sector Maracaibito del Municipio homónimo.

El caminar lento, la voz apagada y la piel toteada por el sol; describen la apariencia de un señor que por no saber encarrilar su vida deambula por las adyacencias de una necrópolis que se ha convertido en su residencia.

“Porai porai”… Así es como le dicen desde que tenía nueve años. Nadie en el sector conoce su verdadero nombre y afirma que prefiere que nadie lo sepa y le sigan diciendo el seudónimo que le colocó su padre.


Tumba donde duerme "Porai Porai"
Foto: Robert Castellanos


¿Cómo fue que llegó a estar en esta situación?

“La vida da muchas vueltas, joven”, dice aquel señor, con la mirada perdida en algún lugar  del cielo, como recordando su pasado.

Foto: Robert Castellanos

“Yo vivía por allá arriba, en la casa de los tíos de mi señora” confiesa el decrépito, pero por razones de fuerza mayor tuve que salir de ahí. Estuve unos días durmiendo en la calle hasta que “Gollo”, el que trabaja aquí en el cementerio, me dijo que me metiera en una tumba que tuviera techo y me vine a vivir aquí”.

“Porai Porai” contrajo matrimonio cuando estaba muy joven. Tiene siete hijos y cuatro fueron con su esposa de la cual se separó hace 20 años.

“Mi hijo mayor es sargento, a los 18 años se metió en el cuartel y luego a la academia militar”.

¿Él sabe que usted vive en un cementerio?

 “Sí, sí sabe. Pero no me ayuda. El menor tiene 18 años y me dijeron que lo vieron en el terminal de pasajeros de Valera todo sucio como un pordiosero”.

“Tengo 4 hermanos y ellos me dan por muerto”.

¿Cómo era su vida cuando estaba joven?

“Yo soy de un pueblo que se llama Timotes (Estado Mérida), llegué a Valera por estar detrás de una mujer. Viví con ella 11 años. Trabajé vendiendo perros calientes y hasta tuve una moto. Yo era muy enamorado” (risas)… “Una noche tenía una y a la siguiente noche montaba a otra”, confiesa entre risas, como sacando del baúl de sus recuerdos aquellas aventuras.

Cuando le pregunté por qué se separó de esa señora (cuyo nombre no quiso mencionar), contó: “ella tenía un hijo que lo mataron por andar en cosas malas, usted sabe, con esa porquería de la droga; a raíz de eso tuve que desocupar su casa”.

¿Adónde se fue?

“Me fui a Mérida. Allá trabajé la agricultura y conocí a la mujer por la que llegué a parar aquí en Pampán. Ella es la mamá del que está en Valera como un indigente”.

¿Qué le dice ella cuando lo ve a usted aquí?

“No, ella ya no sale. Se fracturó una pierna y no la veo nunca”.


Foto: Robert Castellanos

Señor, ¿cómo hace usted para comer? ¿Quién le da los alimentos?

“Pues en veces voy pa’ allá abajo y una señora me da una arepa y yo después se la pago. Por ejemplo; ahorita voy a pagarle esta plata que le debo”, me  enseñó un billete de 100bs y dos de 50bs. “Si pago me quedan las puertas abiertas para volver a pedirle”.

¿Una arepa diaria es lo que te comes?

“No, eso es en veces”, refutó. Y a continuación explicó que de vez en cuando los trabajadores de un taller cercano le dan algo para almorzar. “En veces me quedo sin almorzar porque no me traen nada, usted sabe que la situación está apretada”.

¿Y en las noches te acuestas sin cenar?

“Si es viernes, sábado o domingo me meto allí a pedir plata”, señaló una licorería que se encuentra justamente frente al cementerio. “Con eso me compro algo”. “En las noches Rafa (Un joven de la comunidad que vende comida rápida) me salva y me da un pan”.

¿Consume mucho bebidas alcohólicas?

“El día que yo no beba miche me conseguirán por ahí tirado. Yo bebo miche todos los días pero usted nunca me ha visto ni me va a ver borracho”. José Ernesto cuenta que hay días que se siente mal y se toma algunos tragos de aguardiente y se le pasa. “Me echo tres o cuatro tragos y me compongo”.



Foto: Robert Castellanos

El sexagésimo labora en el cementerio (su misma casa) limpiando las tumbas. “Cada vez que viene alguien y quiere que le limpie la tumba de su familiar yo estoy disponible”.

¿Cuánto cobras?

“200bs por cada tumba”. “Porai Porai” pide que le paguen de una vez porque varias veces le han quedado mal.

¿Cómo haces para ducharte?

“En veces me baño donde la señora que me guarda la ropa. En la parte de atrás de su casa hay un espacio y ahí y me baño; y en veces me bañó allá”, me dijo; señalando unas matas de coco que se encuentran muy adentro del cementerio. “Allá hay una manguera. Me baño ahí, me pongo la misma ropa y después voy a cambiarme”.

¿Tienes bastante ropa?

Asintió. “Sí, sí tengo una ropita”.

José Ernesto Campos (nombre ficticio), añadió que desde que habita en el camposanto, nunca han llegado los familiares de la tumba donde él duerme. Además confiesa no sentir miedo. “Creo en Dios y en esto”, me mostró una cruz tatuada en la parte interna de su antebrazo derecho.


Foto: Robert Castellanos
El nacido en el norte del estado Mérida narró que una vez llegaron a buscarlo para llevárselo a un Centro de Rehabilitación ubicado en Carvajal.

Estaba afuera del cementerio, compartiendo tragos con otro limpiador de tumbas cuando llegaron en una camioneta y le preguntaron que si estaba listo para irse. Él dijo que no porque más tarde había un entierro y debía trabajar. “Si quieren vienen mañana”, respondió. Al día siguiente fueron por él y cedió pero con condiciones. “Si no me gusta me traen de nuevo”, ordenó.
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Los que vinieron por el señor Campos aceptaron aquella condición pero le hicieron caso omiso. Al llegar al Centro de Rehabilitación, “Porai Porai” afirma que cerraron las puertas con candados.

“Allá me estuve 33 días pero yo no soporto estar encerrado, así que me vine”.

¿Cómo hizo para que lo dejaran salir?

El anciano al escuchar la pregunta levanta su bastón y simula como si estuviera reviviendo el momento y dice “Le dije a la secretaria: o me da la boleta de salida para salir por el frente o salgo mañana por el periódico”.

Mantuvo un temperamento de enojo y, para desviar el tema, le pregunté acerca de su documentación. Me mostró una copia de cédula ilegible y segundos más tarde me enseñó su cédula, que por su fecha de vencimiento supe que la sacó en el año 2015.

Me dijo entre risas… “no creo que llegue a estar vivo de aquí a que se venza”….


Foto: Robert Castellanos

Es esta la historia de un señor que todas las mañanas da los buenos días a quienes se acercan a la parada de buses que está afuera del cementerio y que aunque mantiene una apariencia entristecida, demuestra que no hay que disponer de mucho para sentirse bien y sonreírle  a la vida a pesar de vivir entre difuntos.